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La frase de hoy


Cesare Pavese: “No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos”.


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EL MIEDO A OPINAR

(Dedicado a… ella ya sabe)






Este es un artículo difícil de escribir: sé qué quiero decir, pero no sé cómo hacerlo. Le doy vueltas y más vueltas… ¿Qué me pasa? Tengo miedo de las reacciones de los demás, de las opiniones… tengo miedo a que se enfaden las personas a las que quiero… de repente me doy cuenta de que el artículo va justo de esto: del miedo a opinar.

Es innegable que, en estos momentos, en Cataluña se está viviendo una situación excepcional. No me posicionaré, aun teniendo una postura muy clara, porque no viene al caso: mis amigos saben cómo pienso. Sólo quiero dar voz a quien no se atreve a hacerse oir.

El otro día vino una clienta a mi consulta. E hice lo que más me gusta, lo que forma parte de mi profesión: la escuché. Sin juzgar, sin posicionarme. Simplemente, la escuché.

Me explicó que, igual que todo el mundo, está en un montón de grupos de WhatsApp. En unos, predominan los que opinan de una forma; y lo hacen con vehemencia, con contundencia. En otro grupo, predominan los que opinan lo contrario, con la misma vehemencia. Y ella no dice nada. Y se siente muy mal.

Por las circunstancias que sean (cada cual tiene las suyas), durante una época de su vida, se sentía independentista. De cuando eran muy pocos y no se hacían manifestaciones multitudinarias. La criticaban vivamente, le hacían sentir que hacía algo mal hecho. Alguna cosa pasó en su vida, en su cabeza, que le hizo cambiar de opinión. Dejó de tener ese sentimiento. Y empezó a sentirse juzgada y criticada, incluso insultada: charnega, botiflera, facha (*)

Mientras me lo explicaba, me vino a la cabeza un buen amigo, de los que no dicen nada, de los que están callados en el grupo mientras los demás cuelgan artículos, fotos, chistes… Nunca hace ningún comentario. Así que cuando acabé las visitas, le llamé: quise que me dijera qué piensa. Que me expresara cómo se siente. Estuvimos una hora al teléfono. Y me transmitió exactamente lo mismo que mi clienta: que no se siente libre de opinar. Si lleva la contraria al grupo, le acusarán de pertenecer al otro bando. Y no está convencido de ninguna idea. No se identifica con ningún color.

¿Y eso significa que no podemos opinar los demás? ¿Los que estamos convencidos del blanco o del negro? ¡Uf! Qué difícil es esto… Mientras le doy vueltas, entro en el facebook, y leo un artículo de opinión política. Debajo, más de 800 comentarios, muchos de los cuales, insultando, faltando al respeto al que ha escrito el artículo, incluso a quien ha hecho comentarios a favor del artículo. Y esto, justamente, es lo que no me gusta: no entiendo que se haya convertido en una costumbre insultar impunemente a través del facebook, del twitter… Opinar, sí. Insultar, rotundamente NO.

Más abajo leo un “post” que ha colgado una amiga: “prohibido romper amistades por cuestiones políticas”. Por fin he encontrado la respuesta a mis inquietudes: LIBERTAD Y RESPETO, POR ENCIMA DE TODO.


(*) Charnego: Palabra despectiva para referirse a un inmigrante que no se ha adaptado a las costumbres catalanas.
Botifler: Nombre dado a los partidarios de Felipe V, rey Borbón (considerados traidores a Cataluña) frente a los partidarios de Carlos de Austria, en la guerra de sucesión, S. XVIII.
Facha: Abreviatura de fascista.



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Pasión, sentimiento, emoción...


Sensaciones, sentimientos, emociones, pasión... ¿qué son? ¿Todos sentimos de la misma forma? ¿Cuántos sentimientos diferentes somos capaces de reconocer? ¿Hay emociones prohibidas?

Cuando contactamos con un objeto, persona o situación, sea de forma visual, auditiva, física… tenemos una sensación, que puede ser agradable o desagradable.

Esta sensación puede desencadenar:
  • Una pasión: es breve y muy intensa.
  • Una emoción: también es intensa pero no tanto y tiene una duración limitada.
  • Un sentimiento: es mucho más permanente.
  • También podemos hablar del estado de ánimo, que puede variar de un día a otro.
Por ejemplo, cuando conocemos a una persona nueva nos provoca una serie de estímulos y sacamos conclusiones: es agradable, desagradable, es seco, es tímido... es atractivo...

Hacia esta nueva persona que ha entrado en nuestra vida, podemos tener diferentes niveles de sensación:
  • Un sentimiento agradable que hace que tengamos ganas de volverla a ver.
  • Una emoción: por ejemplo, me ha gustado a un  nivel más profundo y quiero mucho más contacto con esta persona, me remueve cosas por dentro.
  • Vamos a suponer que hay un interés más amoroso y la otra persona responde: durante un tiempo se desencadena una pasión. Y vivimos una relación amorosa intensa.
  • Esta pasión durará un tiempo y se transformará en un sentimiento, que es más suave y duradero: amor.
  • Aunque pase años con esta persona y sienta amor hacia ella, seguiré experimentando emociones diferentes: un día me puedo enfadar, y tengo una emoción de rabia hacia él o ella, aunque paralelamente el sentimiento de amor esté ahí.
  • Puedo tener un sentimiento a un nivel y una emoción a otro al mismo tiempo, hacia la misma persona.
  • A parte de esto, tengo un estado de ánimo general: estoy más alegre, o triste, o cansado o enfadado. Y mañana tendré otro.
¿Cuántos sentimientos diferentes soy capaz de identificar? En qué parte del cuerpo me provoca sensaciones? ¿Con qué intensidad?

La rabia, el miedo, la tristeza y la alegría son los cuatro sentimientos básicos. Y lo son porque son universales e independientes del contexto cultural.
Pero hay muchos otros. La lista es muy larga y unos son más simples y otros más complejos: culpa, vergüenza, afecto, ternura, solidaridad, consuelo, compasión, calidez, protección, admiración, castigo, desarraigo, menosprecio, exclusión, arrepentimiento, perdón, celos, rebeldía, confianza, proximidad, fusión... y muchos más. Unos son positivos, nos invitan a sentirnos bien,y otros negativos, o incluso agresivos, nos hacen sentir mal.

No todas las personas sentimos lo mismo. No todos tenemos el mismo estado de ánimo. Hay diversas variables que condicionan nuestra forma de sentir.
  • Hay personas que tienen una base triste: con una causa justificada o no, van tristes por la vida.
  • Otros, parecen estar peleados con el mundo de forma perpetua.
  • Otros siempre se ríen y están de buen humor, etc.
  • Y aquí entra en juego lo que los psicólogos llamamos sentimientos prohibidos y permitidos y sentimientos “parásitos”.


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